sábado, 19 de octubre de 2013

PRÓLOGO

Todos los habitantes de Bogotá sufrimos de lo mismo: un poco de amnesia porque nos tumbaron de pronto los recuerdos. De aquella casita que recordamos en la infancia, por ejemplo, no queda ni la sombra porque hoy sera un gran edificio; y esa calle sencilla donde aprendimos a montar en bicicleta, desapareció bajo una maraña de puentes; y ni hablar de la panadería de la esquina con su olor a pan fresco en la mañana, porque exactamente ahí construyeron un enorme centro comercial. Es difícil conservar la memoria en esta ciudad porque todo nuestro imaginario espacial ha sido demolido para dar paso a cosas nuevas. Entiendo la sorpresa de la gente que luego de diez años se declara perdida. Mañana el pequeño aeropuerto que nos acompaño durante tanto tiempo habrá quedado en el olvido, como en el olvido quedo el viejo aeropuerto de techo.
De los únicos espacios que nos podemos encariñar sin temor a perderlos, son los parques de la ciudad. Cada vez son más sagrados y necesarios, tanto para la administración publica como para los ciudadanos. Pueden ustedes amar para siempre los parques sin temor a que mueran súbitamente en un arrebato de planeación urbanístico.
por eso la importancia de este ejercicio de memoria tan del alma: los oficios del parque es una declaración de amor hacia esos eternos compañeros que jamás nos abandonarán. Cada una de las doce crónicas que componen este volumen esta narrada con el corazón. quienes las escribieron han crecido, han amado, han odiado, han sido felices en esos parques. Vale decir que todos alguna vez fueron alumnos del Taller de Crónica Ciudad de Bogotá, y que la misma ciudad les entrego las herramientas para poder contarla. Reciban este libro nuevo Libro al viento como una ofrenda -que lo es- a los parques públicos. Únicos lugares donde podremos anclar nuestra memoria para siempre.

CRISTIAN VALENCIA 

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